La naturaleza es más que cruel. Es indiferente. Desde mi encierro, me asombra, y me maravilla, escuchar y contemplar la furia del río, el canto despreocupado de los pájaros, el alegre florecer del manzano, el rayo de sol que se cuela entre espesas nubes y llega hasta las entrañas del bosque, e ilumina el prado donde resuena el balido esporádico de un rebaño de ovejas.

Claro que nos maravilla, porque, como supo ver Nietzsche, ella, « indiferente sin medida », no tiene opinión sobre nosotros.

La melancolía no es sólo un sentimiento de pérdida, sino también la posibilidad de descansar en uno mismo, libre de inquietud, abierto a la promesa de un nuevo comienzo.

Ésta es mi síntesis del delicado libro La melancolía en tiempos de incertidumbre, de Joke J. Hermsen.