Las razones del antitripartidismo

ENRIC COMPANY (El País, 26 de enero de 2010)

CiU se lanza a fijar el marco del debate

La grandilocuente apelación lanzada el pasado fin de semana por los publicitarios de CiU a enlairar (levantar) Cataluña es la consecuencia, el corolario inevitable a los tres años de creación sistemática de un clima negativo sobre la situación política y económica del país. Sólo puede levantarse lo que está caído, o yace, y ésta es la idea madre que la derecha quiere fijar como punto de partida del debate político en la presente etapa preelectoral.

Es bien cierto que la crisis económica crea unas condiciones sociales y un clima de opinión pesimista propicio para que cuajen, primero, los mensajes negativos sobre la situación sociopolítica y la actuación del Gobierno de la izquierda y, después, la oferta para levantar el vuelo bajo la guía de CiU. Altavoces no les han faltado ni les faltan.

Lo lógico en la presente situación política sería, sin embargo, que un planteamiento de este tipo tropezara con la puesta en valor de la obra de gobierno a cargo de los partidos de la izquierda, que ofrece un balance más que suficiente para ello. Pero no es esto lo que está sucediendo, sino más bien todo lo contrario. Una de las características del debate público catalán es que los defensores del tripartito pueden contarse con los dedos. Hay defensores de la actuación del PSC, los hay de Esquerra y puede encontrarse alguno de Iniciativa-EUiA, pero apenas hay valedores del tripartito.

El tripartito nació con el handicap de no contar con apoyos relevantes en los medios de comunicación y esa situación se ha mantenido. Sus gobiernos han tenido siempre flancos abiertos aunque no quiera y muchos de ellos nacen del hecho de que los componentes de la coalición compiten electoralmente entre sí. Esto provoca ataques de la misma forma que la miel atrae a las moscas. Los primeros críticos de muchas de las actuaciones de sus miembros se hallan demasiadas veces entre sus aliados. Desde los medios de comunicación pueden lanzar pullas y desaires a uno de los partidos y aparentar que no están en contra del Gobierno como tal. Pasa una y otra vez. Estos días, a raíz del cementerio de residuos nucleares.

Ya bajo la presidencia de Pasqual Maragall, a la izquierda catalana le tocó aprender pronto que sus logros serían sistemáticamente minimizados y, en el mejor de los casos, calificados de insuficientes, fueran los que fueran. Es lo que en la presidencia de José Montilla ha sucedido con la mejora del sistema de financiación y el traspaso del servicio de Cercanías de Renfe a la Generalitat, por poner dos éxitos relevantes correspondientes a aspiraciones que ya venían de la etapa de gobiernos de CiU.

Podría parecer que en esta eatapa de fin de legislatura se tratara de que a la campaña publicitaria de CiU y los embates conjuntos de la derecha se opusiera una publicidad de signo contrario, dirigida a realzar la actuación del tripartito. Pero la cuestión no es ésa. No es un asunto de publicidad, sino de concepciones políticas y de estrategias, y en estos momentos da toda la impresión de que se disuelve o flaquea la convicción con que los tres partidos de la izquierda emprendieron en 2003 su aventura de gobierno conjunto.

CiU considera que la caracterización del tripartito de la izquierda como una fórmula negativa o fracasada está ya consolidada, se ha convertido en criterio hegemónico en la opinión pública, y le permite pasar a otra fase, pero la clave radica en que la propia izquierda parece aceptar que esa idea se imponga. Eso es lo que significa, por ejemplo, que el presidente de Esquerra Republicana (ERC), Joan Puigcercós, sostuviera la semana pasada que su partido pasará a la oposición salvo que sus eventuales socios acepten sus exigencias sobre un referéndum de independencia en la próxima legislatura.

Está bastante claro que el referéndum de independencia no será aceptado ni por el PSC ni por CiU, pero lo relevante del caso es que el líder de ERC ha lanzado un envite que significa renunciar al tripartito de la izquierda como fórmula, reventarlo, asumir la posición de Joan Carretero. Eso es lo que da fuerza a la campaña publicitaria de CiU.

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