Dios está en lo sencillo y cotidiano, como en esa « brisa tenue » que pone en alerta a Elías, metido en una cueva del monte Horeb. El profeta lo esperaba en medio de enormes dificultades, a través de formidables manifestaciones (huracanes, terremotos, fuegos). Pero lo acaba oyendo mediante un ligero susurro, que le hace salir de esa cueva en la que se hallaba encerrado y ensimismado. Al salirnos al encuentro, como Jesús ante la barca de sus discípulos, sacudida por las olas, Dios nos hace salir de sí, nos invita a perder el miedo que paraliza y hunde cuando sufrimos situaciones aciagas, como Pedro al bajar de la barca y sentir la fuerza del viento. Dios está ahí, en lo pequeño, mientras la fe le anda tan delicada como esta brisa que nos acaricia.
(19º Domingo del T.O., ciclo A)