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Muerte de Dios, muerte del hombre

Cuando la fe en Dios desaparece, « al no poder ya acusarse a un Dios al que se niega, la responsabilidad del mal debería ser cargada sobre el hombre. Pero se desplaza esa culpabilidad cargándola ya sea sobre factores neutros presentados como leyes de la historia, ya sea sobre rivales objetivados. El sujeto de la historia no lo es, así, nada más que en un primer impulso. Pero como una tal mistificación no puede durar, el sujeto quedará abolido cuando sea visto como culpable. Se hablará de una muerte del hombre. El Evangelio exorciza tales sortilegios… ya que no puede ser recibido nada más que por aquel que se reconoce pecador. Orientado hacia el porvenir, el movimiento [que quiere ser] liberador, acepta la muerte de inocentes como precio de la dicha que se espera. Pero así se somete a la historia a una especie de ley de la selección natural y queda negada como historia humana. La salvación de Cristo, por el contrario, se realiza en un acto de solidaridad con los machacados ».

(Henri de Lubac, S.J., en Pequeña catequesis sobre naturaleza y gracia, haciéndose eco de palabras de F. Bussini, en Revue des sciences religieuses.)

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Espera o esperança?

A la vida és un fet que l’home se les veu sovint amb l’esperança, com una actitud d’espera, confiança i desig per quelcom que vol que s’esdevingui. Posem l’esperança en una persona per tal que nos ens falli, en què una situació injusta pugui canviar i millorar (a la feina, a la família, amb els amics, a la societat, al món de l’economia, etc.), fins i tot en què l’amor que hem dipositat en l’altre sigui correspost en la mateixa mesura. Tinc esperança en l’altre perquè hi confio. Hi tinc fe! Sé que al final no em defraudarà. Per tant, l’esperança es desplega per mitjà de la fe, de la confiança, fins i tot de l’enteniment (ho ), i a la vegada ja s’esdevé com una anticipació d’allò bo que ha de venir, perquè així ho espero.

Tanmateix, si ens volem aclarir, i hi pensem una mica, veiem que l’esperança neix d’un esquinçament existencial, perquè la realitat es mostra ferida, danyada, potser incomplerta, mai del tot satisfeta. Llavors, correm el risc de reduir l’esperança a la simple espera, que implica paciència, certament, però no només, perquè l’espera és com el desig: espera quelcom: s’adreça a un objecte, a quelcom objetivable, identificable, constatable, ja que es pot copsar, encara que no s’hagi esdevingut encara, mentre que l’objecte (si és que n’hi ha tal) de l’esperança no es pot mesurar, no és tan identificable. L’esperança seria com un existenciari (com diria Heidegger), perquè forma part de l’ésser-home, com un anhel d’allò totalment altre que resta més aviat en una indeterminació, condició de possibilitat de tota transformació (conversió) pregona.

Sí, tinc esperança, però perquè visc en una situació de desesperança. Tinc esperança perquè ex-isteixo, és a dir: em trobo a la intempèrie, en soledat, vers el límit (mort), com un àngel caigut i abandonat de la mà de Déu. I alhora, la ferida existencial, en la seva ambivalència, indica una possibilitat de possibilitats, que es va obrint cada dia, en aquesta situació natural, podríem dir inautèntica, fins que elevo la consciència i hi reflexiono (actitud teòrica, autèntica), en actitud d’espera i tensió, però també de projecció més enllà de mi mateix, i m’adono que això ha de canviar perquè quelcom ha de succeir, però no sé exactament el què, perquè em sobrepassa, i per això, des del punt de vista filosòfic, l’esperança no s’esdevé tant com una espera o una confiança rutinàries (inautèntiques i necessàries) en alguna cosa o un algú abastables, en tant que compreses dins el procés esperançador, sinó més aviat com l’espelma encesa d’un nou advent, que posa en qüestió l’existència tota.

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Fe i raó

Em pregunten pel conflicte entre la fe i la raó: El debat és necessari en tant que ambdues dimensions de la consciència humana s’imbriquen i es complementen, perquè mentre la raó dóna raó de la finitud cognitiva (de l’ésser finit que som i des del qual hom ha de partir), la fe obre la persona vers l’incondicionat que apunta l’infinit, i eleva, per tant, la consciència més enllà del propi isolament (com a adreçament vers l’Altre).

Vull dir que una fe sense raó, o que ha perdut un mínim de raonabilitat, pot caure fàcilment en un fonamentalisme, intolerant i en fi inhumà, a la vegada que una raó sense fe pot produir els monstres de l’autosuficiència, l’arrogància i, pitjor, el totalitarisme o el relativisme a-moral de qui nega l’obertura-esperança cap a l’incondicionat en què arrela el sagrat de la persona.

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El sínodo

Avanzan los trabajos del Sínodo extraordinario sobre la familia. La « familia », esa palabra con la que a algunos se les pone cara de Vito Corleone. Parece que se respiran aires de cambio en nuestra Iglesia, al menos de cambio de tono: una mirada hacia la misericordia evangélica, donde lo que cuenta es la acogida y el amor para iluminar la realidad de las familias (así en plural). Culminación del Concilio Vaticano II, proclaman algunos. ¡Ojalá! Hoy, más que nunca, dirigimos nuestra oración por el Papa y los Padres sinodales, para que el Espíritu de amor les infunda el discernimiento necesario en el anuncio de la verdadera familia nacida en Jesús, « porque todo el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos, es mi hermano, y mi hermana, y mi madre » (Mt 12, 50; Mc 3, 31; Lc 8, 19). Las familias consanguíneas y las realidades particulares de amor, trascendidas por la nueva familia cristiana: universal y fraternal: la comunidad del reino de Dios. Eso es lo que cuenta.

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Filosofar, sr. Wert

Filosofar, ¿para qué? Pero no es ésa la cuestión, pues entonces habría que preguntarse para qué existir: y ya existimos. Por lo pronto, uno tiene que habérselas con algo que se escapa y nos envuelve: se acerca y se aleja, a un mismo tiempo. Mientras tanto, el esfuerzo intelectual lleva a aclararse uno mismo (subjetividad ilustrada), a dar cuenta de sí y de la realidad (conocimiento teórico) y, sobre todo, a tomarse en serio a la humanidad (racionalidad práctica), puesto que filosofar es lo más propio de nuestro ser-humano. Señor Wert, prohibir la filosofía es negar la existencia, o sea: la barbarie.

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La brisa tenue

Dios está en lo sencillo y cotidiano, como en esa « brisa tenue » que pone en alerta a Elías, metido en una cueva del monte Horeb. El profeta lo esperaba en medio de enormes dificultades, a través de formidables manifestaciones (huracanes, terremotos, fuegos). Pero lo acaba oyendo mediante un ligero susurro, que le hace salir de esa cueva en la que se hallaba encerrado y ensimismado. Al salirnos al encuentro, como Jesús ante la barca de sus discípulos, sacudida por las olas, Dios nos hace salir de sí, nos invita a perder el miedo que paraliza y hunde cuando sufrimos situaciones aciagas, como Pedro al bajar de la barca y sentir la fuerza del viento. Dios está ahí, en lo pequeño, mientras la fe le anda tan delicada como esta brisa que nos acaricia.

(19º Domingo del T.O., ciclo A)

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De Pujol a la Catalunya posnacional

« El país passa per davant de qualsevol persona ». Típica frase pujolista pronunciada ayer por Mas, heredero político de Pujol. Éste es el problema: que el pujolismo siga sin Pujol; que la idea del País, la Nación, y su encarnación en el President-Messies, pase por delante de cualquier persona, con total impunidad. Y, si no, que se lo pregunten a la Corona, “símbolo” (que no encarnación) de “la unidad y la permanencia” del Estado. Es justo al revés. Todos, uno a uno, desde la base y la responsabilidad de cada cual, formamos, aquí y ahora, una comunidad política de ciudadanos libres e iguales.  

Pero uno de ellos, que lo ha sido todo en Cataluña, referente político, nacionalista y hasta moral, hace dos días, creador del partido pal de paller, Convergencia, sin el cual el actual « proceso » soberanista sería harto improbable, ha caído del pedestal de los héroes « nacionales » que han alimentado, durante treinta años, el gran imaginario de la Catalunya plena i lliure, cuyo estadio final debía ser, inexorablemente, el del Estat propi, el de ese nou país, donde, por cierto, la principal fuerza opositora, ERC, mira a otro lado (¿alguien se imagina que el fundador del partido que gobierna España almacenara su fortuna en paraísos fiscales y el líder de la oposición no dijera ni mu?, pues, bienvenidos, porque esto está pasando en Catalunya).  

Como no hay mal que por bien no venga, sería necesario superar este imaginario, esta anomalía que, efectivamente, hace de Catalunya un país poco normal, con sus lecciones de patriotismo y moral que nos impartían en pro de la buena catalanidad o aranesidad, y pasar ya a la Catalunya posnacional, desmitificada, abierta, justa, transparente y cooperadora con el resto de ciudadanos de una España federal, moderna y también posnacional en una Europa social y más de todos.

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Algo no va

Algo no va cuando una exdiputada de CiU y actual coordinadora de Cultura de la Diputación de Barcelona escribe, con lenguaje belicista, que los no independentistas son el « enemigo en casa », « enemigo implacable », « quinta columna », « gente catalana de toda la vida que ha olvidado sus orígenes y el bando donde tienen que luchar », « lerrouxistas » y, no podía faltar, « botiflers » (ver enlace). Algo no va cuando el primer secretario del PSC, Pere Navarro, sufre una agresión y, qué casualidad, sectores soberanistas (políticos, intelectuales, medios públicos…) la ridiculizan buscando miles de motivos distintos a los que pudieran perjudicarles. Algo no va cuando el filósofo Manuel Cruz advierte sobre la falta de pluralidad de TV3 y, al día siguiente, en el mismo canal, le afean la crítica con burlas por mentar la bicha. Algo no va… hace tiempo.

Y es evidente que encontraríamos ejemplos de signo opuesto, tan evidente como que, eso sí, la Catalunya oficial sólo refleja el imaginario de la gran ilusión independentista, en la que subyace una situación de cabreo social y esperanza por una sociedad mejor. Si somos independentistas, federalistas, autonomistas o todo lo contrario, seámoslo sinceramente, abiertamente, tranquilamente, incluso dudosamente, con todas las dudas razonables, pero desde el respeto, el reconocimiento mutuo y el debate sosegado que hoy, ciertamente, nos falta, antes de que este tedio que empezamos a sentir algunos nos acabe invadiendo del todo.

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Un nuevo tiempo para el PSOE

El PSOE no ha girado a la izquierda. Con la Conferencia Política celebrada este fin de semana, el PSOE ha vuelto la mirada hacia su centro político e ideológico, sobre los principios esenciales que dan razón de su esperanza y de su existencia como partido político desde que lo fundara Pablo Iglesias: la igualdad, la justicia social, la protección de los más vulnerables (clase media y trabajadora, cada vez más empobrecida; mujeres y minorías sexuales, discriminados por su condición; ancianos y jóvenes desamparados ante la rapiña de los mercaderes del capitalismo neoliberal).

Confieso que iba al cónclave con cierto escepticismo, pero el fuerte compromiso de tantos y tantas militantes y la implicación y participación de muchas más, de dentro y de fuera del partido, han apagado mis resquemores. El momento es aciago para la izquierda europea; infausto es el destino de miles de hombres y mujeres en nuestros países; pero, sea como sea, la izquierda ha de abrir una brecha en medio del fatalismo y del hartazgo de la ciudadanía para volver a ser instrumento de liberación y promoción de una sociedad más justa y libre; porque no hay prosperidad económica, si no hay equidad y cohesión social.

El PSOE debía alzar la voz, su clamor más genuino y original, para seguir siendo referente de la izquierda y el centroizquierda español, reconociendo, en primer lugar, sus culpas como partido de gobierno (el riesgo a la insensibilidad hacia los últimos es demasiado elevado en las esferas del poder) y planteando, después, una propuesta de renovación política, social, económica, ética, en suma, democrática. Con más feminismo y más ecologismo, sin duda; porque en estas luchas queda todavía mucho por hacer o, mejor, rehacer, desde la tierra quemada que van dejando las derechas a su paso por los gobiernos, allí donde se ve que, efectivamente, unos y otros no son lo mismo.

Con la conferencia, es insoslayable el compromiso colectivo por unos valores y un proyecto comunes que, vengan los dirigentes que vengan, hace de éste un partido « más fuerte, unido y con las ideas claras » (Rubalcaba): en la tarea de reconstruir la sanidad pública y universal así como la educación pública, de calidad y para todos y todas; en la apuesta por un modelo económico más social, solidario y cooperador, con una reforma fiscal profunda, equitativa y progresiva; en la propuesta para pactar una reforma constitucional con el objeto de que España progrese en su organización territorial como Estado federal, desde la unidad y la diversidad de sus pueblos, sus lenguas y sus culturas, con clarificación de competencias, con un Senado de representación territorial, con una financiación más justa y proporcional, con igualdad y cooperación entre nacionalidades y regiones.

Punto aparte nos merece Catalunya, con quien el PSOE, por boca de su secretario general, desea « vivir juntos, desde el respeto mutuo y el mutuo afecto », en un sistema de corte federal, el único posible para garantizar tanto la vertebración de España en su conjunto como el pleno y libre ejercicio del autogobierno catalán, si no quieren caer ambos en la quiebra económica, social y afectiva. A pesar de las turbulencias del Estatut y de una lastimera sentencia constitucional, Catalunya ha avanzado en su autogobierno de forma extraordinaria en los últimos años y sólo podrá dar un paso más a partir del diálogo y el acuerdo (¿cómo entender la democracia, si no?), que ahora nos niegan tanto Rajoy como la pareja Mas-Junqueras, en sus estrategias de tensión y polarización irresponsables.

En fin, el PSOE no lo tiene fácil, pero ¿quién dijo que la política lo fuera? Muchos y muchas hallan todavía en él parte de las causas de sus problemas, pues ha formado parte del sistema constituido, con sus aciertos y sus injusticias. Pero sabemos también que las revoluciones, los cambios profundos (no violentos), nunca se hicieron destruyéndolo todo, sino reconstruyendo la sociedad en libertad y dignidad, por cuya causa han nacido los movimientos de democratización política y reforma social, como el republicanismo modernizador y el socialismo democrático del siglo XX.

Con sus 134 años de historia, el PSOE ha sufrido los sinsabores del progreso, pero, precisamente por eso, puede ofrecernos hoy un nuevo proyecto social y emancipador, genuinamente socialista, en respuesta a la pregunta que, todavía vigente, alumbra la política, tal como la planteaba el presidente Allende (mártir demócrata): cómo devolver al hombre y a la mujer, de condición envilecida, un sentido de misión que les infunda una nueva alegría de vivir y que confiera dignidad a su existencia.

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El compromiso que nace de la fe

Cristianisme i Justícia, el Centro Pignatelli – Jesuitas Zaragoza y la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) de España han tenido la loable iniciativa de organizar un curso-taller de discernimiento relacionado con la fe y el compromiso socio-político, en el que ha participado un grupo de jóvenes comprometidos, con inquietudes sociales y políticas y militancia cristiana. ¿Qué compromiso puede brotar de la fe?, ¿hasta qué punto puede implicarse el creyente en la toma de partido política y social?, ¿no deviene vacía la fe que quiere bastarse por sí sola porque todo lo demás nos parece « humano, demasiado humano »?, ¿no será que la fe, en concreto la cristiana, tiene algo que ver con la « toma de partido », con una « opción preferencial » de consecuencias « reales », es decir, sociales, políticas, ecológicas, económicas, íntegramente humanas?

Parecería que, según nuestra experiencia y por la intuición que llevábamos antes de comenzar el taller, de la fe cristiana nace un impulso hacia una « revolución » del amor, enraizada en la fraternidad (por tanto, no violenta), en suma, hacia una « lucha » incansable por la « justicia » y la denuncia profética, al modo en que Jesús, el Cristo, el Maestro, nos enseña.

Los designios de la Providencia nos regalan algunas claves interpretativas en las lecturas proclamadas este Domingo XXII del tiempo ordinario, en la semana en la que ha tenido lugar el curso, aunque, para ser honestos, no resulta difícil hallar en las fuentes de la Sagrada Escritura esta relación intrínseca entre Fe y Política. Más bien lo contrario, sobre todo desde que Dios elige al patriarca Abraham, un emigrante, y libera al pueblo oprimido en Egipto, después de haber escuchado su clamor, hasta la muerte y resurrección de Jesús. Otra fuente provechosa es el Magisterio Social de la Iglesia, resumido en siete grandes principios expuestos por el profesor Gonzalo Villagrán: 1. Dignidad de la persona; 2. Promoción del bien común; 3. Destino universal de los bienes; 4. Opción preferencial por los pobres; 5. Principio de subsidiariedad; 6. Participación; y 7. Solidaridad. Volvamos a las lecturas de este domingo y a sus claves para un compromiso socio-político:

1) Humildad. « Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso […], porque es grande la misericordia de Dios y revela sus secretos a los humildes » (Eclo 3,19-21.30-31), narra la primera lectura. Si la política institucional y de partido quiere de verdad emprender su « regeneración democrática », cuán necesario sería que empezara por que sus responsables, en todas sus esferas, desde lo local a lo global, actuáramos con más « humildad », administrando el poder como forma de servicio al pueblo, especialmente a favor del pueblo sufriente, de los débiles, de los trabajadores sin derechos, de los ciudadanos sin sanidad (o con menos sanidad) ni educación-formación (o con menos educación-formación) ni tampoco hogar, sin oportunidades de crecimiento personal e intelectual, de los desprotegidos o de los que no tienen más protección que la política. Un compromiso como éste, que tiene en cuenta que Dios es misericordioso, requiere de una política más « misericordiosa », más atenta al sufrimiento humano, creando espacios de sensibilidad para la solidaridad y la ayuda mutua, menos pendiente de la vanidad, el amor propio y la banalidad del juego de los poderosos.

2) Caridad. De hecho, « todo lo que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido » (Lc 14, 1.7-14), en consonancia con el Evangelio del domingo anterior: « Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos » (Lc 13,22-30). El vuelco de valores es total. No admite medias tintas. Nuestro compromiso tiene que ser capaz de ver las cosas de modo distinto, de forma caritativa, regida por el amor fraterno, respecto de los valores y las actitudes que imperan en la sociedad consumista y egoísta, porque Jesús invita a comer de su banquete a los excluidos y a los olvidados por nuestras comodidades y ambiciones por ocupar los puestos más relevantes.

El salmista lo expresa de forma vívida: « Padre de huérfanos, protector de viudas, / […] Dios prepara casa a los desvalidos, / libera a los cautivos y los enriquece » (67). El pueblo repite: « Preparaste, oh Dios, casa para los pobres ». Los pobres son los « destinatarios del Reino », como diría Jon Sobrino (Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret). La salvación comparte con la política su carácter universal, porque es para todos. Sin embargo, una política comprometida, especialmente con los valores y principios de la izquierda socialdemócrata y transformadora (donde me sitúo), tiene que tener a los últimos de la sociedad como su sujeto político central, porque ellos son los « bienaventurados » del Reino, que empieza a construirse en medio de nosotros, aquí y ahora, en su horizonte escatológico y utópico (aunque ya estamos en u-topía, en el no-lugar de la existencia vulnerable y provisional de nuestra vida fáctica).

3) Nueva Alianza. De la carta a los Hebreos: « Vosotros os habéis acercado al monte Sión […], a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús » (Heb 12,18-19.22-24a). De nuevo, los « justos » (los que « cuidaron a Cristo en la persona de los pobres », de acuerdo con el último comentario sobre el pasaje de Mateo, 25, defendido por el Papa como el programa de acción cristiano, junto a las Bienaventuranzas, tan presentes ambos en el taller) son los que se salvan. Acerquémonos también a ellos por medio de relaciones sociales y económicas basadas más en « alianzas » libres de iguales que en « contratos » fríos e impuestos, según la acertada expresión de José Laguna, y, siguiendo sus hallazgos, hagámonos cargo de las heridas de la realidad, no para que todos seamos pobres, sino para erradicar al máximo las desigualdades y la pobreza, promoviendo el « desarrollo integral del hombre » y la mujer (Pablo VI) bajo el signo de una nueva civilización, más sencilla y sobria, menos materialista y codiciosa. Nuestro compromiso, por tanto, no es meramente asistencial, sino que busca y cuestiona las causas que generan tanta injusticia.

4) Cristo. Dejo en último lugar al más importante: al « Mediador de la nueva alianza, Jesús », a Cristo, Dios en medio de nosotros. Ésta es la clave que sostiene el edificio de nuestro compromiso y nuestra vida, la que nos sostiene. Nuestro Dios no es un Dios deísta, que crea el mundo y luego se desentiende de él. Dios interviene en la historia. Nada de este mundo le es ajeno. Es más (y lo es todo): Dios se hace hombre, la Palabra encarnada que habitó entre nosotros en un momento histórico determinado, en un pueblo concreto, subyugado y oprimido, y se hace presente de nuevo en la comunidad de hombres y mujeres (Pueblo de Dios, Iglesia) que viven, a pesar de todo (del mal, la injusticia, el sufrimiento, etc., o quizá por todo ello), en esperanza, con el aliento del Espíritu, en la construcción del Reino de la Vida y el Amor, como Buena Noticia, dispuestos a vivir una nueva vida, a instaurar la Humanidad Nueva, confiando, por tanto, en la Resurrección que nos salva.

Así pues, ¿cómo no vamos a comprometernos si Dios se ha encarnado en Cristo, bajo una nueva alianza, humillándose, haciéndose un hombre pobre, perseguido, odiado, sin atención ni caridad, como uno de tantos, que muere víctima de la injusticia de este mundo y nos invita a su propuesta de salvación y liberación? ¡Dios se ha comprometido! ¡Alegrémonos! He aquí nuestra libertad, pero también nuestra enorme responsabilidad.