Un nuevo tiempo para el PSOE

El PSOE no ha girado a la izquierda. Con la Conferencia Política celebrada este fin de semana, el PSOE ha vuelto la mirada hacia su centro político e ideológico, sobre los principios esenciales que dan razón de su esperanza y de su existencia como partido político desde que lo fundara Pablo Iglesias: la igualdad, la justicia social, la protección de los más vulnerables (clase media y trabajadora, cada vez más empobrecida; mujeres y minorías sexuales, discriminados por su condición; ancianos y jóvenes desamparados ante la rapiña de los mercaderes del capitalismo neoliberal).

Confieso que iba al cónclave con cierto escepticismo, pero el fuerte compromiso de tantos y tantas militantes y la implicación y participación de muchas más, de dentro y de fuera del partido, han apagado mis resquemores. El momento es aciago para la izquierda europea; infausto es el destino de miles de hombres y mujeres en nuestros países; pero, sea como sea, la izquierda ha de abrir una brecha en medio del fatalismo y del hartazgo de la ciudadanía para volver a ser instrumento de liberación y promoción de una sociedad más justa y libre; porque no hay prosperidad económica, si no hay equidad y cohesión social.

El PSOE debía alzar la voz, su clamor más genuino y original, para seguir siendo referente de la izquierda y el centroizquierda español, reconociendo, en primer lugar, sus culpas como partido de gobierno (el riesgo a la insensibilidad hacia los últimos es demasiado elevado en las esferas del poder) y planteando, después, una propuesta de renovación política, social, económica, ética, en suma, democrática. Con más feminismo y más ecologismo, sin duda; porque en estas luchas queda todavía mucho por hacer o, mejor, rehacer, desde la tierra quemada que van dejando las derechas a su paso por los gobiernos, allí donde se ve que, efectivamente, unos y otros no son lo mismo.

Con la conferencia, es insoslayable el compromiso colectivo por unos valores y un proyecto comunes que, vengan los dirigentes que vengan, hace de éste un partido « más fuerte, unido y con las ideas claras » (Rubalcaba): en la tarea de reconstruir la sanidad pública y universal así como la educación pública, de calidad y para todos y todas; en la apuesta por un modelo económico más social, solidario y cooperador, con una reforma fiscal profunda, equitativa y progresiva; en la propuesta para pactar una reforma constitucional con el objeto de que España progrese en su organización territorial como Estado federal, desde la unidad y la diversidad de sus pueblos, sus lenguas y sus culturas, con clarificación de competencias, con un Senado de representación territorial, con una financiación más justa y proporcional, con igualdad y cooperación entre nacionalidades y regiones.

Punto aparte nos merece Catalunya, con quien el PSOE, por boca de su secretario general, desea « vivir juntos, desde el respeto mutuo y el mutuo afecto », en un sistema de corte federal, el único posible para garantizar tanto la vertebración de España en su conjunto como el pleno y libre ejercicio del autogobierno catalán, si no quieren caer ambos en la quiebra económica, social y afectiva. A pesar de las turbulencias del Estatut y de una lastimera sentencia constitucional, Catalunya ha avanzado en su autogobierno de forma extraordinaria en los últimos años y sólo podrá dar un paso más a partir del diálogo y el acuerdo (¿cómo entender la democracia, si no?), que ahora nos niegan tanto Rajoy como la pareja Mas-Junqueras, en sus estrategias de tensión y polarización irresponsables.

En fin, el PSOE no lo tiene fácil, pero ¿quién dijo que la política lo fuera? Muchos y muchas hallan todavía en él parte de las causas de sus problemas, pues ha formado parte del sistema constituido, con sus aciertos y sus injusticias. Pero sabemos también que las revoluciones, los cambios profundos (no violentos), nunca se hicieron destruyéndolo todo, sino reconstruyendo la sociedad en libertad y dignidad, por cuya causa han nacido los movimientos de democratización política y reforma social, como el republicanismo modernizador y el socialismo democrático del siglo XX.

Con sus 134 años de historia, el PSOE ha sufrido los sinsabores del progreso, pero, precisamente por eso, puede ofrecernos hoy un nuevo proyecto social y emancipador, genuinamente socialista, en respuesta a la pregunta que, todavía vigente, alumbra la política, tal como la planteaba el presidente Allende (mártir demócrata): cómo devolver al hombre y a la mujer, de condición envilecida, un sentido de misión que les infunda una nueva alegría de vivir y que confiera dignidad a su existencia.

Advertisements

Daissar una responsa

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s