Día de Aran

Mañana es la Fiesta de Aran, el día en que, en el año 1991, se recuperó el Conselh Generau d’Aran, gracias a la ley de régimen especial de 1990, esperada durante una larga década. La Fiesta coincide con el 700 aniversario de la Querimònia, el 500 del Tratado de Plan d’Arrem y el 800 de la Batalla de Muret, que cierto imaginario ha situado como el punto y final de la « nación occitana », si bien entonces las naciones no existían como las entendemos ahora. El caso es que mañana seremos espectadores de un gran « despliegue » institucional y político (el síndic dixit). La ocasión lo merece.

Sin embargo, no es menos cierto que, por decirlo sin tapujos, mucha gente no está para fiestas, en la actualidad. Podremos recrearnos en el pasado, lleno de enormes dificultades y motivo muchas veces de manipulación política, pero ni el presente ni el futuro inmediato dibujan el horizonte de prosperidad que querríamos. La desafección política es clamorosa. La depresión económica se extiende sobre una sociedad abatida, quizá resignada y con poca esperanza.

Son demasiadas las oportunidades laborales y económicas en general que se van recortando en muy poco tiempo, pero también las relacionadas con los pilares básicos de una sociedad de bienestar, como la sanidad y la educación públicas. Esto se traduce en más jóvenes desamparados, en trabajadores que emigran del Valle ante la limitada actividad de su sector, en empresarios con problemas para continuar con su tarea, en equipamientos públicos cerrados total o parcialmente, y, por extensión, en ciudadanos con menos derechos y una mayor desprotección.

En fin, qué voy a contarles que no sepan ya o sufran directamente. Por eso, sería deseable que, ante la adversidad presente, evitáramos el triunfalismo y las actitudes prepotentes (yo, claro, me incluyo), y, entre todos y conscientes de nuestros límites, nos conjuráramos para esforzarnos por un Aran más justo y más digno, más unido y cohesionado, con unas instituciones más transparentes y abiertas al diálogo, la deliberación y la responsabilidad compartida. Habría que intentarlo. Creo que sería el mejor homenaje a nuestros antepasados, a todos aquellos que ya lucharon contra todos los elementos para que los araneses asumieran las riendas de su destino con el objeto de mejorar sus condiciones de vida y ser, al menos, un poco más felices.

 

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