Filosofar, ¿para qué? Pero no es ésa la cuestión, pues entonces habría que preguntarse para qué existir: y ya existimos. Por lo pronto, uno tiene que habérselas con algo que se escapa y nos envuelve: se acerca y se aleja, a un mismo tiempo. Mientras tanto, el esfuerzo intelectual lleva a aclararse uno mismo (subjetividad ilustrada), a dar cuenta de sí y de la realidad (conocimiento teórico) y, sobre todo, a tomarse en serio a la humanidad (racionalidad práctica), puesto que filosofar es lo más propio de nuestro ser-humano. Señor Wert, prohibir la filosofía es negar la existencia, o sea: la barbarie.