« Nada puede separarnos del amor de Jesús ». Carta a Mn. Luis Eduardo Salinas

Mossen, amic Luis Eduard, credem parlar en nòm de toti, deth conselh parroquiau, dera corau, des catequistes, des mainatges e mainades que t’an acompanhat ena Eucaristia, des pairs e mairs, de totes es famílies, dera Associacion de Setmana Santa, der Ajuntament, de toti es qu’an prenut part des celebracions, d’ua forma o ua auta, des que t’an demanat conselh e ajuda, de toti as qu’as acompanhat enes moments d’alegria e tanben de tristesa, de toti es membres d’aguesta comunautat parroquiau en Jesucrist, se te didem que ja auem nostàlgia de tu, que ja trobam a mancar eth tòn servici, era tua entrega, eth tòn ministèri entre nosati, en aguest darrèr dimenge en qué celèbres missa ena glèisa de Santa Maria dera Purificacion, de moment, mentre agarres ja lèu eth camin de cap tara parròquia de La Massana, en Andòrra, damb es nòsti desirs de gòi e esperança.

Mossen, amic Lluís Eduard, serveixin aquestes paraules a mode de públic reconeixement i gratitud immensa per la vostra tasca i el vostre testimoniatge, perquè hem tingut una gran alegria entre nosaltres en ser servits per un prevere proper, senzill, afable, comprensiu, tranquil, reconciliador; per un “servidor de Crist i administrador dels misteris de Déu”, com diu Pau; per tot un pastor dels que, de veritat, fa olor a ovella, com li agrada demanar el Sant Pare a tots els sacerdots. Amic de tots, amb tots i per tots, sense demanar, com tampoc ho fa Jesús, d’on vens ni de qui ets, perquè tots som convidats a quelcom que ens sobrepassa i ens fa sortir de nosaltres mateixos, com a fills i filles de Déu i, per tant, com a germans entre nosaltres.

Mosén, amigo Luis Eduardo, gracias por acercarnos y ayudarnos a reconocer, con tu vida, con tu amistad, a través de tus homilías, de tus palabras llenas de Espíritu, al Dios de amor, perdón, acogida y misericordia que siempre llama a nuestra puerta. Eres fiel cumplidor del magisterio del Papa Francisco, que en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium nos recomienda: “La Iglesia tiene que ser el lugar de misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio”. Para González Faus, que fue profesor tuyo, el verdadero sacerdote es misericordioso y digno de fe. Así lo explica: misericordioso porque el sacerdocio “es un ministerio de solidaridad”. Además “digno de fe”, porque podemos fiarnos de él; porque, mosén, hemos podido tener confianza en ti, y mantenido así nuestra esperanza.

Con tu carisma, con tu predicación sin proselitismos, como quiere el Papa, con tu valiosa preparación, que nos ayuda a ejercitarnos en el “discernimiento evangélico” y comprender la dimensión social de la Buena Nueva, como conocedor eminente, en la Diócesis, de la Doctrina Social de la Iglesia, el anuncio del Evangelio, el anuncio del Reino, revelado a los sencillos (como dicen Mateo y Lucas), se torna impulso vital hacia esta misericordia divina.

Como quiera que, con la armonía y el dinamismo del Espíritu, el Pueblo de Dios es uno con diversos rostros y culturas, has sabido respetar e incluso admirar nuestra cultura, nuestra lengua propia (el aranés), nuestras tradiciones, entre las que destacan, por ejemplo, las procesiones de Semana Santa y una religiosidad popular arraigada en los santos a los que Bossòst, bajo la protección maternal de Nuestra Señora de la Purificación, se encomienda y cuida en sus ermitas. Como Sant Ròc, nuestro patrón, del que nos remarcabas, en nuestras Fiestas, su desprendimiento de las riquezas y su hermanamiento total y absoluto con los pobres de la tierra. O como San Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia, que has estudiado en tu tesina sobre El destino universal de los bienes en la ‘Gaudium et Spes’. Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, por la Pontificia Universidad Lateranense, en 2009.

Son testimonios de la solidaridad de Dios con los hombres y mujeres de todos los tiempos, en nuestra condición sufriente. ¿Cuántas veces te hemos preguntado por el mal, por el porqué de tanto sufrimiento? En seguida, nos insinuabas que, desde lo íntimo de cada persona, incluso desde una legítima protesta, como la rebeldía de Job, que tanto nos recomendabas leer, nace también el anhelo por que el mal no tenga la última palabra, porque sólo Dios, Padre de amor y justicia, puede salvarnos.

Mosén, amigo Luis Eduardo, has tocado nuestro corazón porque has ido a lo esencial del anuncio evangélico: el amor, la misericordia infinita de Dios. Hace pocos días, viajando a tu nueva parroquia, reflexionábamos en torno a la Carta a los Romanos, admirable testimonio teológico. En ella, Pablo nos invita a una nueva vida en Cristo, buscando con afán lo que contribuye a la paz y a la convivencia mutua, porque al darnos el Espíritu Santo, Dios nos ha inundado con su amor el corazón, porque el amor al prójimo constituye la plenitud de la ley, porque, siguiendo la Primera Carta de Juan, “quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios permanece en él”.

Mosén, si tu nueva parroquia necesitara una carta de recomendación le comunicaríamos que tú mismo eres esa carta, parafraseando la Segunda Carta a los Corintios. La llevas escrita en el corazón y todos podemos conocerla y leerla: “una carta escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en frías tablas de piedra, sino en las páginas palpitantes del corazón”.

¿Qué añadir a todo esto?, pregunta el mismo Pablo a los Romanos. Él responde: Dios, que nos ha amado, nos hace salir victoriosos de todas estas pruebas, porque nada será capaz de arrebatarnos este amor que Dios nos tiene en Jesucristo. Mosén, ésta es nuestra alegría perenne y segura: Nada puede separarnos del amor de Jesús. Eso es lo que importa. Eso es lo que nos une. Siempre, de ahora en adelante. Y, porque, en fin, tampoco te vas tan lejos, convencidos de que nos reencontraremos, de que iremos a verte y tú a nosotros.

Mientras tanto, sólo te pedimos una cosa: que reces por nosotros. Nosotros lo haremos por ti, unidos en la fe, la esperanza y la caridad, para que el Dios del amor te bendiga y Nuestra Señora de la Purificación, acompañada por nuestro patrón Sant Ròc y todos los santos de Bossòst, te proteja y cuide como sólo una madre sabe hacerlo.

Siempre contigo,

La Comunidad Parroquial de Santa María de la Purificación

En Bossòst, a 31 de agosto de 2014

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